La siempre nueva y siempre vieja política colombiana

Por: Renán Camilo Rodríguez Reyes 



Terminaba la primera semana de mayo y con ella otro día más de huelga de Jesús Santrich. La reprobación pública y general que ha recibido el mismo por continuar en el negocio del narcotráfico ha creado una burbuja general que muchos piden que sea pinchada con la aguja de la expropiación; el imaginario colombiano está hoy amenazado por el terror y eso provoca que adrede la gente vote berraca.

La extrema derecha colombiana -irónico que traten de seguir el hilo de “centro”-, ocupa los primeros lugares en las encuestas tal como ocurrió el pasado 2 de octubre con el plebiscito y en los últimos años. No obstante, la nueva cara de este ideal en este cuartenio ha cambiado; apostándole a la juventud de un senador, ha quedado elegido el señor -últimamente los periodistas sufren de doctoritis, lo cual me parece le quita mérito al término y ya no es tomado como un eufemismo a lo Santos contra Mockus en 2010, sino todo lo contrario-, Iván Duque.



La economía naranja, independencia de organismos de control y la búsqueda de un equilibrio que despolarice son los pilares de Duque, que no se muestra como un férreo defensor al acuerdo de paz sino todo lo contrario; encarando en los últimos debates al jefe negociador, mostrándole la aparente ineptitud de sus acuerdos y recalcando lo que creo fielmente: que en Colombia la seguridad sigue estando por encima de todo y quien la asegure vencerá. En palabras del candidato: “Vamos a hacer todas las modificaciones necesarias a los acuerdos de paz con las FARC, para defender el honor del pueblo colombiano. También le vamos a devolver el honor a las Fuerzas Militares, porque no pueden seguir siendo tratadas como delincuentes.”

No tengo la menor duda que al garantizar la paz sea de una forma u otra es necesario para continuar construyendo equidad y generando empleos, pues hacerlo puede ser un punto de partida para que Colombia crezca (según el Índice Histórico de Desarrollo Humano, el país ha progresado más del 2% en materia de bienestar, calidad de vida y educación en los últimos años).

No obstante, comparto la idea kantiana de que la paz perpetua se puede convertir en un elemento político, con el que -lamentablemente- se puede jugar y privar a cualquiera que no sea afín a estrategias particulares. Se requiere necesariamente un giro a nuestra débil e ineficiente capacidad de raciocinio y determinación política. La berraquera mencionada proponía, por ejemplo, la creación de un nuevo ideal, el “castrochavismo” que, apoyado en la situación del país vecino, justifican las falacias, ineficiencias, persecuciones políticas, abusos de discrecionalidad o falta de transparencia en las decisiones tomadas en su gobierno, porque sí, Santos también era el candidato de Uribe.

La poca estrategia, debilidades del discurso -sí, en cuanto análisis-, excesos tóxicos en lo normativo y el as bajo la manga del fantasma comunista que no recorre Europa sino Colombia hacen que la misma ideología de combatir el “narcoterrorismo” o brindar la “seguridad democrática” haya tocado fondo. Hace pocos días se vislumbró hasta qué punto se puede llevar un discurso político en el ámbito de las clases y la xenofobia “No quiero vivir como venezolano, Duque presidente…”  rezaba una pancarta en Bucaramanga.

Bien es sabido que la política es de odios y amores y el abordar el tema de una ideología -y de criticarla-, necesita primeramente considerar conceptos teóricos de la materia misma. El “castrochavismo” no lo es. Sorprende que tanto periódicos, analistas políticos y sobre todo un candidato a la presidencia -que lidera las encuestas, por cierto-, lo utilicen en el mismo concepto o con la misma fuerza de la que se habla de una teoría liberal, el conservadurismo y aún, el socialismo como mecanismo político y económico.

Por consiguiente, Iván Duque en la sumisión que le debe al expresidente Uribe. De pasar a ser un senador que fue investigado por sus múltiples ausencias en los proyectos de ley del congreso -esto, como única experiencia en la política superior-, a puntear en las encuestas, se debe al fenómeno ya mencionado, generado por políticas anteriores. En muchas ocasiones ha mencionado y aclarado -según él- que en caso de ganar la presidencia Uribe sería un senador y él el máximo mandatario, ahí sí quien mucho debe decir y recalcar que es rey, es que realmente no lo es. Esto además con su fórmula vicepresidencial, dada por el Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez se hizo célebre por obtener casi 2 millones de votos en las pasadas elecciones sustancialmente a partir de la oposición de este partido con el gobierno Santos.

Puesto que la verdad en sí, en contraste con la paz y los acuerdos deberá ser unos de los compromisos del próximo presidente, considero que debe tenerse en cuenta la manera en cómo se está apelando nuevamente al miedo para llegar al poder. El oportunismo político ligado a cuestión electoral no debe borrar de nuestras mentes lo que ha sido la conducta de los principales partidos políticos desde la época de La Violencia. Al hacer política con convicciones, escuchando al pueblo, pensando en el bien común, no se tendría que apelar ni al miedo, ni al populismo, ni al haber ejecutado previamente cargos que dieron beneficios con el erario público. Sería una bonita forma de apelar al miedo el crear uno que tenga como fundamento el poner http://www.urosario.edu.co/Home-V3/Segmentos/Profesores/Conozca-a/Lorenzo-Acosta/ mano firme a estas circunstancias y desear con un corazón grande satisfacer necesidades culturales, sociales, económicas y educativas.

Comentarios

  1. Basada en esta opinión puedo decir que no cabe duda de que Iván Duque, como opción de voto, sería un boleto instantáneo de vuelta al pasado. Un candidato que toda su vida permaneció a la sobra de Juan Manuel Santos y que ahora, milagrosamente, va en contra de todo su gobierno, no tiene la autonomía, el conocimiento y la experiencia necesaria para gobernar un país. Simplemente, como dicen por ahí "busca al árbol que más sombra le de".

    Cobijarse en las ideas políticas de Álvaro Uribe, sin conocer de fondo lo que esto implica, sin tener idea de como ejecutar sus propuestas de gobierno y escondiéndose tras la idea de derrocar un tratado que le ha dado un poco de tranquilidad y esperanza al país, son una de las brillantes ideas que ha tenido este simpático candidato. Claro que no debemos dejar a un lado la gran labor que ha hecho con su campaña ya que, gracias a esto, va punteando las encuestas y ha borrado de la memoria de los colombianos cincuenta años de guerra que por fin habían tenido luz blanca después de tanto tiempo.

    Sin duda, la estrategia de Duque ha sido escudarse en el bipartidismo nacional para ganar popularidad, esperemos que el país tenga memoria y se apegue a los cambios, cambios positivos, no sólo cambios de rostro que tienen al final al mismo titiritero jugando con marionetas.

    La columna tiene muy buenos argumentos. Está muy bien respaldada por investigaciones, datos y hechos. La estructura es coherente, muestra un punto de vista concreto y permite la distinción de opiniones reflejadas en el texto.

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  2. Es una lastima pensar que por falta de recursos que deben ir a la educación y no la desfachates que hiso uribe en su gobierno de dar un porcentaje altísimo del PIB a las Fuerzas Militares . Lastima pensar como la politica va controlando a las masas con una facilidad increible, pero como bien menciona mi compañero esto es de hace tiempo y eso lo cura solo el tiempo y la bunea inverción en educación para que así no seamos marranos llendo al matadero pensando que es el futuro!

    Conforme a la columna, está planteada en un tema central, el cual es claro a lo largo de todo el escrito, tal vez faltó relacionar más esa vieja política que menciona en el título. Está bien escrito y utiliza un lenguaje claro y consiso sin oportunidad de que se pueda dar un doble sentido.

    Referente al punto de vista lo distribuye a lo largo del texto. Desde un principio se pone en la posición de ir en contra a ese oportunismo político que habla al final.

    Por: Andrés Felipe Reyes La Rotta

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  3. Ivan Duque ahora mismo está planteando una estrategia para alejar lo más que se pueda su imagen de títere de el ex presidente Uribe, de hecho querer imponer el título de doctor a Ivan Duque es solo producto de la influencia de los medios de comunicación y se lo recordó en el debate del Pacífico el bien llamado doctor, porque es doctor Sergio Fajardo.

    El pueblo colombiano no debe permitir otros 4 años más de corrupción de contratos por parte de políticos, la seguridad se consigue con educación y oportunidades, tuvimos la opción de escoger hace 8 años (Santos vs Mockus) ahora el turno debe ser para Fajardo.


    Lo que hay que tener claro es que para bajar la derecha, la solución no está en irse a la izquierda.

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  4. Antes de debatir acerca de qué es lo mejor y lo peor para nuestro país, tengo que felicitar al columnista por una muy buena redacción, pero sobretodo, por evidenciar paso a paso lo que está ocasionando la política en nuestro país. Es más, ni siquiera la política, unas elecciones presidenciales. Ivan Duque resulta ser una opción más. Tiene sus pros y sus contras. En cuanto a seguridad y equipo de trabajo, respectivamente. Y después de analizar tantos infortunios políticos en los últimos años de nuestro país, infortunadamente las opciones se quedan a medias. Y nuestros compatriotas frente a un cartón de votación no piensan: ¿Cual es la mejor opción? Por el contrario, recurren al planteamiento de: ¿Cuál es el menos malo?

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